manifiesto

Conscientes especialmente de la singularidad del tiempo que nos toca vivir, de las particularidades que presenta el clima de época
del que somos parte.

Sabiendo que somos parte.

Conscientes de la finitud de nuestra existencia en este plano
entonces limitadas por ello, pero no queriendo quedar por eso paralizadas en nuestro hacer,
ni pasar por ella intrascendentemente.

Conscientes de que ya hemos visto suficiente para poder entender algunos -o muchos- mecanismos y dialécticas del poder.
Incluso -especialmente- no siendo expertos:

y no pudiendo serlo al menos a fuerza de permanecer ausentes
y evitar posicionarnos sobre lo que exponemos
por muchos años más.

Dado que el conocimiento que ha generado la Humanidad es francamente
inabarcable por una sóla persona
y hasta por un grupo de personas,

puesto que cuánto más se conoce más se arriba a lo indefinido por conocer.

Y cuánto más se sabe de sí,
aún más amplio es el portal por el que penetramos en otra interioridad,
en la que se nos descubren los velos.

Por lo tanto:

No pudiendo esperar a haber leído todo lo que habría que leer
ni tener todos los títulos que para el mundo son necesarios conseguir antes de ser habilitadas a hablar sobre lo que nos interpela y nos sacude.

Conscientes de la urgencia de manifestarnos, como parte -primero víctimas y luego victimarias- de esta coyuntura, dado que el más oscuro rincón del infierno está reservado para aquellos que se conservan neutrales en tiempos de crisis moral* y que,

de esperar a leer todos los autores cuya obra debiéramos conocer,
alcanzar la capacitación que pudiéramos completar de acuerdo a lo que manda la intelectualidad dominante de quienes imponen Cultura, determinando qué es Saber y qué no,

e investigar todo lo que debiéramos investigar exigidas por el sistema,
como requisito de seriedad, como defensa contra la exclusión,
del “quedar fuera”.

Habiendo experimentado ya que nada es suficiente ni conserva un valor por sí mismo,
como para ser validadas por una audiencia -nuestros congéneres-
colonizada intelectualmente, moldeada mentalmente,

ni siquiera para sentirnos nosotras mismas autorizadas:
ya que somos parte de ese rebaño adoctrinado originarias
y los combatientes destellos de lucidez nos asaltan en medio del adormecimiento colectivo.

Hemos entendido, exhaustas, furiosas y desgarradas de perseguir ese norte ilusorio,
que de seguir haciéndolo
ya no habría oportunidad.

Porque el momento cierto siempre es el HOY,
y el hoy es nuestro presente:
así como hemos llegado a él, con nuestros aciertos y nuestras falencias.

  • con todo lo que no reconocemos ni nos reconocen como valioso
  • todo lo que creemos deficiente en nosotras cuando en verdad es lo vital no domesticado,
    repelido por esta estructura globalizada.

Conscientes, por–esto–mismo,
de que siempre estaremos aprendiendo, re-calculando, re-formulando, deshaciendo y volviendo a hacer, como la vida que para ser no puede permanecer estática.

Tenemos la certeza de no estar solas, aunque estemos diseminadas.
Tenemos la certeza de ser jóvenes para todo dado que no somos sabias sino caminantes en este mundo. Y que conservamos una inexplicable esperanza

en el despertar de las criaturas, especialmente de las humanas.

Tenemos la certeza de que la tortura puede efectivizarse no sólo de los modos físicos más deleznables y burdos, en los cuerpos de los seres sino también en lo psicológico
y en lo espiritual.

Y por considerarnos parte de un sistema que para perpetuarse requiere contar con miembros que padecen una silenciosa y constante angustia interior, aislados, debilitados en su vibración natural, confundidos en sus motivaciones y extraviados en su deseo,

en ese aspecto nos consideramos viejas y viejos, por lo tanto con autoridad para decir.

Sabiendo que muchas chispas en forma coordinada y suficientemente rítmicas desencadenan una llama,
y que esa llama melódica puede hacer que luego
todo arda.

Considerándonos chispas que raramente se encuentran entre sí, siendo tan necesario.

Proclamamos el valor supremo de la infinitud como territorio,
infinitud que cabe en nuestros propios cuerpos
y se expande gozosa

formando a su vez un sólo ser colectivo, vinculado, sufriente, solidario, revivificador.

Una sangre que no es sólo visible.
Un ojo que ve aunque no tenga forma humana.

Proclamamos la sed de todo lo que existe
de encontrarse envuelto en una transformación amorosa,
guiada por mensajeras del futuro, comunicadoras e intermediarias entre ciclos.

Somos ~ quienes ~ damos ~ sentido ~ a lo que nos antecede ~,
y vendrá.

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* Durante di Alighiero degli Alighieri (Dante Alighieri), en la Divina Comedia,

** Escrito en Marzo de 2018, leído por primera vez en Feminoise CABA, el 6 de Septiembre de 2018.